Neuquén, provincia de Neuquen, 12 de febrero de 2026. En el corazón de la Patagonia argentina, a pocos minutos del aeropuerto internacional de Neuquén, sobre la Autovía Norte y en una zona estratégica por su cercanía a Vaca Muerta y a la estación espacial china instalada en Bajada del Agrio, funciona desde hace tiempo una infraestructura que muchos olvidaron, otros minimizaron y algunos siguen cuestionando: la base financiada por la Embajada de Estados Unidos en Argentina. Oficialmente presentada como un Centro de Operaciones de Emergencia y ayuda humanitaria, su construcción generó polémica desde el primer anuncio y, aunque hoy está operativa, la discusión sobre su verdadero alcance no desapareció. ¿Se trata únicamente de un espacio logístico para catástrofes naturales o es una pieza más en el tablero geopolítico que disputa influencia en América Latina?
La pregunta no es menor. Neuquén es hoy uno de los territorios más codiciados del continente por la magnitud de las inversiones energéticas que convergen en Vaca Muerta, el segundo reservorio mundial de gas no convencional y uno de los principales de petróleo shale. En ese contexto, la presencia de una infraestructura financiada por la Embajada de Estados Unidos, en el marco de programas de cooperación vinculados al Comando Sur, adquiere otra dimensión. La versión oficial habla de cooperación bilateral, asistencia ante emergencias y fortalecimiento institucional. Las voces críticas, en cambio, la vinculan con la seguridad energética, la protección de inversiones estadounidenses y el posicionamiento estratégico frente a la creciente presencia de China en la región.
¿Qué es la base de Estados Unidos en Neuquén y para qué fue construida?
La base ubicada en la meseta neuquina fue concebida como un Centro de Operaciones de Emergencia (COE) destinado a coordinar acciones de Defensa Civil ante situaciones extremas como inundaciones, erupciones volcánicas o incendios forestales, fenómenos frecuentes en la región patagónica. El edificio, de aproximadamente 600 metros cuadrados, incluye oficinas administrativas, salas de reuniones, cocina, sanitarios, espacios de almacenamiento logístico y un helipuerto que permite la rápida evacuación o el traslado de insumos en caso de catástrofes. La inversión total rondó los 2 millones de dólares, financiados por la Embajada de los Estados Unidos en Argentina a través de su programa de asistencia humanitaria.
Desde el gobierno provincial se insistió en que no se trata de una base militar estadounidense en Argentina, sino de un programa de cooperación humanitaria. La administración neuquina defendió el proyecto argumentando que la provincia necesitaba infraestructura moderna para enfrentar emergencias ambientales, sobre todo considerando el crecimiento demográfico y productivo asociado al desarrollo de Vaca Muerta. Sin embargo, el debate nunca fue meramente técnico. La pregunta que persiste es si una instalación financiada por una representación diplomática extranjera, en coordinación con estructuras de defensa estadounidenses, puede considerarse estrictamente civil.
La estructura quedó emplazada en un punto neurálgico: muy cerca del aeropuerto internacional Presidente Perón y con acceso directo a rutas estratégicas que conectan los yacimientos hidrocarburíferos. Esta ubicación alimentó interpretaciones sobre su potencial uso logístico más amplio. Para algunos analistas en geopolítica, la proximidad a Vaca Muerta no es casualidad, sino coherente con la lógica histórica de Estados Unidos de resguardar áreas de interés energético y económico en el hemisferio occidental.
Base militar o ayuda humanitaria: la polémica que no se apagó
Desde el inicio, organizaciones sociales y sectores políticos cuestionaron la construcción de la base en Neuquén. El principal argumento crítico sostiene que, aunque la denominación sea “humanitaria”, el financiamiento provino de la Embajada de Estados Unidos en el marco de programas asociados al Comando Sur, cuya misión formal incluye cooperación en seguridad en América Latina y el Caribe. En ese sentido, se advierte que la figura jurídica de “centro de asistencia” puede funcionar como una herramienta diplomática flexible para expandir presencia estratégica sin necesidad de instalar bases militares tradicionales.
El gobierno provincial negó reiteradamente cualquier cesión de soberanía o presencia de tropas extranjeras. Se explicó que el edificio pertenece a la provincia y que no hay personal militar estadounidense permanente en el lugar. Aun así, el debate se inscribe en un contexto regional más amplio, donde la competencia entre potencias por recursos naturales, corredores logísticos y alianzas políticas se intensifica. La Patagonia, con su combinación de energía, agua dulce, minerales estratégicos y baja densidad poblacional, es observada con atención por múltiples actores globales.
El componente simbólico también pesa. Argentina no alberga bases militares extranjeras formales desde hace décadas, y cualquier infraestructura financiada por una potencia extranjera despierta recelos históricos. El recuerdo de intervenciones en América Latina durante el siglo XX sigue presente en la memoria colectiva, lo que explica en parte la sensibilidad social frente a este tipo de acuerdos de cooperación.
La relación con Vaca Muerta: energía, inversiones y seguridad estratégica
Hablar de la base de Estados Unidos en Neuquén sin mencionar Vaca Muerta sería incompleto. El yacimiento no convencional concentra inversiones multimillonarias, en gran medida provenientes de compañías estadounidenses. Se estima que en el largo plazo las inversiones podrían superar ampliamente los 100.000 millones de dólares en infraestructura, perforación y logística. Para Washington, la estabilidad energética regional y el acceso a fuentes alternativas de hidrocarburos forman parte de su estrategia hemisférica.
En este escenario, la instalación de un centro financiado por la Embajada de Estados Unidos puede interpretarse como una señal de compromiso bilateral, pero también como un gesto de presencia. La seguridad energética no implica necesariamente despliegues militares, pero sí cooperación en inteligencia, logística y gestión de riesgos. Las catástrofes naturales, los conflictos sociales o cualquier evento disruptivo podrían impactar la producción. Contar con infraestructura preparada para emergencias reduce vulnerabilidades.
Algunos especialistas en relaciones internacionales sostienen que la cooperación en ayuda humanitaria suele ser una de las formas más aceptadas de presencia estratégica, porque combina diplomacia blanda con capacidad operativa. Desde esa perspectiva, la base neuquina encaja en una política más amplia de Estados Unidos hacia América Latina, donde la competencia con China por influencia económica y tecnológica es cada vez más evidente.
La base china en la Patagonia y el nuevo tablero geopolítico
A menos de 200 kilómetros de Neuquén capital funciona la Estación Espacial de Espacio Lejano de China, instalada en Bajada del Agrio. Oficialmente dedicada a la exploración espacial, la base china también generó controversias respecto a su posible uso dual. La coexistencia de una infraestructura vinculada a China y otra financiada por la Embajada de Estados Unidos en la misma provincia convierte a Neuquén en un punto singular dentro del mapa geopolítico sudamericano.
La cercanía entre ambos proyectos alimenta interpretaciones sobre una Patagonia convertida en espacio de competencia estratégica entre potencias globales. Mientras Beijing consolida su presencia en sectores como minería, energía e infraestructura, Washington busca reforzar vínculos tradicionales y asegurar su influencia histórica en la región. En ese contexto, la base en Neuquén no puede analizarse aisladamente, sino como parte de un entramado mayor de intereses económicos, tecnológicos y diplomáticos.
Este escenario plantea desafíos para Argentina, que debe equilibrar relaciones con socios diversos sin comprometer su soberanía ni su autonomía estratégica. La narrativa oficial insiste en la cooperación y el beneficio mutuo, pero el debate público continúa abierto, especialmente en ámbitos académicos y políticos especializados en defensa y política exterior.
El antecedente: la base financiada por Estados Unidos en Chaco en 2010
La polémica en Neuquén remite inevitablemente al antecedente de Resistencia, Chaco, donde en 2010 la Embajada de Estados Unidos financió un centro de ayuda humanitaria en el marco de programas de cooperación vinculados al Comando Sur. En aquel caso, la infraestructura también fue presentada como una donación destinada a fortalecer la respuesta ante emergencias ambientales. El gobierno provincial de entonces defendió el proyecto subrayando que no implicaba presencia militar permanente ni cesión de jurisdicción.
Sin embargo, en Chaco las protestas sociales fueron intensas. Diversos movimientos cuestionaron la iniciativa por considerar que encubría una base militar estadounidense. El debate obligó a dejar por escrito restricciones explícitas respecto a la presencia de fuerzas extranjeras. La experiencia chaqueña se convirtió en referencia obligada cada vez que surge un proyecto similar en el país.
La comparación entre Chaco y Neuquén revela patrones comunes: financiamiento de la Embajada estadounidense, discurso humanitario, infraestructura logística y controversia política. La diferencia central radica en el contexto estratégico. Mientras que en 2010 el foco estaba puesto en cooperación ante desastres naturales, en Neuquén el componente energético y la proximidad a Vaca Muerta amplificaron el interés y la suspicacia.
¿Qué hace hoy la base en Neuquén y cuál es su impacto real?
Con la obra ya concluida y el centro operativo, la discusión se desplaza del terreno hipotético al análisis de su funcionamiento concreto. Hasta el momento, la base ha sido presentada como un nodo logístico provincial. No existen reportes públicos de operaciones militares ni de despliegues permanentes de tropas estadounidenses. La infraestructura se integra al sistema local de emergencias y, en términos formales, depende de autoridades provinciales.
No obstante, la transparencia informativa resulta clave para sostener la confianza pública. La publicación periódica de actividades, auditorías y convenios ayudaría a despejar dudas. En materia de credibilidad institucional, la confianza depende de datos verificables y comunicación clara. En un entorno donde la desinformación circula con rapidez, ofrecer información precisa y contextualizada es esencial.
Más allá de las interpretaciones políticas, la base de Estados Unidos en Neuquén se inscribe en una realidad concreta: la Patagonia dejó de ser un territorio periférico para convertirse en un eje estratégico global. Energía, recursos naturales y posicionamiento geográfico convergen en una provincia que hoy está en el radar de las grandes potencias. Lo que para algunos es cooperación humanitaria, para otros es geopolítica en estado puro.
Riesgos para la soberanía argentina y su impacto geopolítico
La existencia de una infraestructura financiada por la Embajada de Estados Unidos en una provincia clave como Neuquén abre inevitablemente el debate sobre soberanía argentina y presencia extranjera. Aunque formalmente no se trate de una base militar ni implique cesión territorial, el hecho de que una potencia global financie y promueva infraestructura estratégica en una zona energética sensible plantea interrogantes legítimos sobre autonomía decisional y dependencia estructural.
Desde una perspectiva geopolítica, el riesgo no radica necesariamente en la presencia física de personal extranjero, sino en la consolidación de redes de influencia política, económica y logística que pueden condicionar decisiones futuras. Cuando un territorio concentra inversiones energéticas estratégicas, infraestructura financiada por potencias extranjeras y proyectos vinculados tanto a Estados Unidos como a China, la competencia global se traslada al plano local. Argentina debe entonces gestionar equilibrios delicados para evitar convertirse en escenario pasivo de disputas ajenas.
El impacto geopolítico también se relaciona con la percepción internacional. La Patagonia, históricamente vista como un espacio remoto, hoy aparece en análisis estratégicos como una región clave por sus recursos naturales, agua dulce y potencial energético. La instalación de infraestructuras vinculadas a potencias globales refuerza esa centralidad. Para algunos especialistas, esto puede traducirse en mayores oportunidades de inversión y cooperación. Para otros, implica un riesgo de alineamientos forzados o presiones indirectas.
En definitiva, la base de Estados Unidos en Neuquén —financiada por su Embajada bajo el argumento de la ayuda humanitaria— se ubica en un cruce sensible entre cooperación internacional y soberanía nacional. Su existencia obliga a pensar el rol de Argentina en el nuevo orden multipolar, donde la neutralidad estratégica se vuelve cada vez más compleja. La clave, coinciden varios analistas, estará en la transparencia, el control institucional y la capacidad del Estado argentino para definir su propio rumbo en un escenario global cada vez más competitivo.
Andrés Nievas
Técnico en manejo ambiental, consultor Ambiental y escritor para medios locales e internacionales sobre temas de geopolitica y medio ambiente.





