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El tesoro espinado del mar prehistórico: Descubren en Neuquén amonites gigantes con espinas de hasta 12 centímetros

28 de octubre de 2026 Redacción Patagonia Ambiental

Zapala, Provincia de Neuquen, 28 de octubre de 2026. El enigma oculto bajo el antiguo océano patagónicoMientras las pisadas de los grandes dinosaurios dominaban los continentes y moldeaban el imaginario popular sobre la Patagonia antigua, los mares patagónicos guardaban bajo sus profundidades secretos evolutivos igual de fascinantes y desconocidos. Durante millones de años, vastas extensiones de la actual provincia de Neuquén permanecieron sumergidas bajo un antiguo océano que ingresaba desde el Pacífico, configurando un ecosistema marino vibrante y complejo. En este escenario acuático, los amonites —moluscos cefalópodos parientes lejanos de los pulpos y calamares modernos— protagonizaron una historia evolutiva extraordinaria que hoy vuelve a acaparar la atención de la comunidad científica internacional. Gracias al trabajo sostenido de investigadores del Museo Provincial de Ciencias Naturales “Prof. Dr. Juan A. Olsacher” (MOZ) de Zapala, la provincia consolida su estatus como un semillero paleontológico de jerarquía global al presentar formalmente una colección inédita de amonites provistos de espinas monumentales que desafían lo que hasta ahora se sabía sobre estos icónicos fósiles marinos.

Un gigante marino desconocido: Características y morfología del Quintucoceras macrospinatum

El descubrimiento, que trascendió a la luz pública y científica en este vibrante año 2026, gira en torno al hallazgo y la reasignación de un género fósil completamente nuevo para la ciencia: Quintucoceras. Los especímenes recuperados no solo llaman la atención por su imponente envergadura, que supera con holgura los 50 centímetros de diámetro en sus ejemplares más desarrollados, sino por una ornamentación corporal única y llamativa. El representante más emblemático de este grupo, bautizado científicamente como Quintucoceras macrospinatum, exhibe a lo largo de su caparazón espinas robustas, filosas y de proporciones colosales que alcanzan hasta los 12 centímetros de longitud. Este rasgo anatómico tan singular inspiró directamente su denominación taxonómica, donde macrospinatum remite de manera directa a la presencia de estas espinas de gran tamaño, mientras que el prefijo genérico rinde homenaje a la emblemática Puerta Quintuco y a la Formación geológica homónima, deposititaria de este tesoro paleontológico que permaneció oculto durante más de 135 millones de años.

De los relevamientos geológicos al hallazgo en Vaca Muerta y Quintuco

La historia detrás de este hallazgo monumental se remonta originalmente a finales de 2015, cuando equipos técnicos especializados del Museo Olsacher y del Servicio Geológico Provincial —dependientes de la Dirección General Técnica de la Dirección Provincial de Minería— se encontraban realizando labores rutinarias de mapeo y relevamiento geológico en el territorio neuquino. Estas tareas de campo se desarrollan de manera ininterrumpida bajo el marco regulatorio de la Ley Provincial de Cartas Geológicas N.° 1986, una herramienta fundamental que permite no solo catastrar los recursos naturales, minerales y energéticos de la región, sino también salvaguardar de manera activa los yacimientos paleontológicos, espeleológicos e históricos que salpican la geografía provincial. En medio de aquellas jornadas de exploración en terreno, los expertos advirtieron afloramientos rocosos singulares y, al examinar los estratos con detenimiento, se toparon con fragmentos fósiles de dimensiones inusuales que presentaban ornamentaciones espinosas totalmente atípicas para los registros previos de la cuenca.

Técnicas de rescate paleontológico e intervenciones de campo

La magnitud del hallazgo exigió de inmediato la activación de rigurosos protocolos de rescate patrimonial, coordinados estrechamente junto a la Dirección de Patrimonio Cultural de la provincia. Los paleontólogos y técnicos comprendieron rápidamente que extraer los fósiles sin el instrumental adecuado equivalía a destruirlos, ya que la fragilidad de los caparazones fosilizados y la dureza extrema de la roca circundante representaban un desafío técnico mayúsculo. A comienzos de 2016 se estructuró una campaña específica de excavación paleontológica sobre el terreno, implementando técnicas de extracción similares a las que tradicionalmente se utilizan para rescatar grandes huesos de dinosaurios, aplicando vendas de yeso, protección mecánica y bloques de roca envolvente para asegurar la integridad structural de las piezas. Una vez completada la delicada extracción en campo, los gigantescos bloques fósiles fueron trasladados con extremo cuidado hacia los laboratorios especializados del Museo Olsacher en la ciudad de Zapala.

Preparación de fósiles y clasificación de nuevas especies en laboratorio

En el ámbito seguro de los laboratorios del museo comenzó la fase más silenciosa, paciente y minuciosa del trabajo científico: la preparación y limpieza mecánica de las piezas. Los técnicos debieron remover milímetro a milímetro la roca sedimentaria adherida a los delicados caparazones fosilizados sin dañar las valiosas espinas de 12 centímetros que ornamentaban la superficie de los amonites. Este proceso de restauración y análisis morfológico detallado abarcó el estudio comparativo de numerosos ejemplares recolectados en distintos niveles estratigráficos de las formaciones Vaca Muerta y Quintuco. El examen exhaustivo permitió a los especialistas establecer y reasignar un total de cinco especies diferenciadas dentro del género Quintucoceras, aportando una pieza clave y hasta entonces faltante para comprender con precisión el rompecabezas de la evolución marina durante el periodo Cretácico Inferior.El ecosistema del antiguo mar neuquino hace 135 millones de añosPara comprender la verdadera dimensión temporal de este descubrimiento es necesario viajar mentalmente hacia atrás en el tiempo, hace aproximadamente entre 137 y 135 millones de años. En aquella época geológica, el planeta atravesaba transformaciones profundas y la geografía de la Patagonia distaba enormemente de la actual estepa árida y ventosa que caracteriza gran parte del territorio neuquino. El sector occidental y central de la provincia se hallaba cubierto por brazos marinos poco profundos, cálidos y sumamente dinámicos que conectaban con el océano Pacífico.

Estos mares experimentaban procesos de somerización paulatina —es decir, una disminución gradual de la profundidad marina—, lo que generaba condiciones ecológicas muy particulares que favorecieron la diversificación de especies marinas altamente especializadas, adaptadas a nichos ecológicos específicos dentro de las cuencas sedimentarias.Hábitos alimentarios y rol trófico de los amonites carnívorosLejos de la imagen simplista que a menudo se tiene de los invertebrados marinos como organismos pasivos o flotadores inofensivos, la evidencia paleobiológica indica que estos amonites gigantes y espinados cumplían un rol ecológico activo y dominante en la cima o los estratos medios de las redes tróficas marinas. Los estudios anatómicos sugieren que Quintucoceras macrospinatum poseía hábitos estrictamente carnívoros, utilizando sus agudos picos córneos y tentáculos para cazar presas activas en la columna de agua o en los fondos marinos blandos. Su dieta cotidiana habría incluido una gran variedad de pequeños crustáceos, bivalvos, peces primitivos e incluso otros moluscos cefalópodos de menor tamaño que compartían su hábitat. Su voracidad y éxito adaptativo los convirtieron en componentes esenciales del funcionamiento de aquellos ecosistemas acuáticos prehistóricos.

La función defensiva de las espinas ante reptiles marinos prehistóricos

No obstante su condición de depredadores formidables, estos amonites formaban parte ineludible de la compleja cadena alimentaria del antiguo mar neuquino y debían lidiar con amenazas formidables provenientes de los grandes vertebrados marinos que patrullaban esas aguas. Los registros fósiles de las formaciones Vaca Muerta y Quintuco documentan la coexistencia de estos moluscos con formidables reptiles marinos depredadores, tales como los ictiosaurios —con cuerpos hidrodinámicos similares a los de los delfines modernos— y los masivos pliosaurios, auténticos superdepredadores dotados de mandíbulas descomunales. Las espinas de hasta 12 centímetros que caracterizan a Quintucoceras han abierto estimulantes debates entre los paleontólogos respecto a su función ecológica exacta: mientras algunos especialistas sugieren que actuaban como un mecanismo defensivo mecánico para dificultar que los reptiles marinos o peces carnívoros pudieran tragarlos con facilidad, otros apuntan a que también cumplían funciones hidrodinámicas de estabilización en la columna de agua o actuaban como elementos de reconocimiento intraespecífico.

Presentación científica internacional y el impacto para la ciencia argentina

La revelación oficial de este género inédito ante la comunidad científica internacional, concretada a principios de 2026, representa un hito fundamental que consolida el prestigio de la paleontología argentina y, muy especialmente, el trabajo incansable que se lleva adelante desde las instituciones del interior provincial. El Museo Provincial de Ciencias Naturales “Prof. Dr. Juan A. Olsacher”, ubicado estratégicamente en la intersección de Ejército Argentino y Etcheluz en la ciudad de Zapala, se ha transformado en el custodio indiscutido de este valioso patrimonio natural. Actualmente, parte de estos ejemplares extraordinarios ya se encuentran montados y exhibidos en las salas permanentes del museo, permitiendo que tanto estudiantes, turistas como vecinos de la región puedan contemplar de primera mano la magnitud real de estos amonites gigantes y dimensionar la riqueza geológica que yace bajo nuestros pies.

Información para visitantes: Horarios y ubicación del Museo Olsacher en Zapala

Para aquellos visitantes y entusiastas de la ciencia que deseen contemplar de cerca este tesoro espinado del mar prehistórico, el Museo Olsacher mantiene sus puertas abiertas al público de lunes a viernes en el horario de 9:00 a 19:30 horas. Además de los amonites espinados del género Quintucoceras, la institución atesora una de las colecciones mineralógicas, petrológicas y paleontológicas más importantes de la Patagonia argentina, convirtiéndose en una parada ineludible para comprender cómo la ciencia local protege, investiga y difunde la memoria profunda de la tierra. Este descubrimiento demuestra, una vez más, que los tesoros más asombrosos de nuestro pasado no siempre se encuentran en la superficie continental, sino que a menudo emergen desde las profundidades de un mar antiguo que moldeó para siempre la identidad geológica y cultural del Neuquén.