La Pampa (La Arena). La posibilidad de aprovechar los vientos patagónicos para generar energía eólica motivó a las autoridades del Ente Ejecutivo Casa de Piedra a estudiar la potencialidad de la región. Los primeros trabajos dieron resultados favorables.

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Un proyecto para desarrollar un parque eólico en la zona de Casa de Piedra avanzó hasta la etapa de contar con un primer diagnóstico favorable a la iniciativa. Estudios de software y con un instrumento de medición determinaron que la zona presenta posibilidades para esta energía alternativa. En la actualidad el proyecto se encuentra en una situación de «stand-by», a la espera de una decisión política o empresaria para retomar la iniciativa.
Las excepcionales características de los vientos patagónicos alentaron la idea de instalar en la zona cercana a Casa de Piedra un parque de aerogeneradores que complementara la producción energética de la central hidroeléctrica instalada en la represa pampeano-rionegrina. Se pensó primeramente en una planta de mediana magnitud pero los resultados no fueron favorables para ese nivel de desarrollo, por lo cual la iniciativa se reorientó hacia una instalación de menor magnitud.
«El Ente Ejecutivo firmó hace un tiempo un convenio con Enarsa para estudiar las características del lugar, porque este tipo de desarrollos requiere de estudios muy rigurosos», comentó a LA ARENA el jefe de la central hidroeléctrica de Casa de Piedra, Gustavo Campetella, la ser consultado por el estado del proyecto. «Previamente se había hecho un estudio preliminar en función de un software que analiza las posibilidades de los vientos de esta zona», recordó. Ese estudio informático «dio relativamente bien» y alentó a sus impulsores a avanzar hacia la siguiente etapa.
Allí fue donde el Ente Ejecutivo se puso en contacto con Enarsa y juntos instalaron en cercanías de la represa sobre el río Colorado un instrumento para medir los perfiles de viento para determinar la factibilidad de utilizarlos en esta generación. «Se midió velocidad, duración, dirección, y otros parámetros necesarios para tener un nuevo diagnóstico», puntualizó el jefe. Este segundo estudio también arrojó un valor positivo aunque no fue en la magnitud que sus promotores esperaban.
«Hasta ahí llegamos y aquí nos quedamos», repasó Campetella. «La etapa que sigue ahora sería contar con datos aún más exactos y para ello se necesita de una torre que nos permita medir las características de los vientos a distintas alturas».
«Todavía estamos en la etapa de estudios, nos falta mucho camino todavía por recorrer», indicó el directivo, recordando que proyectos como «La Banderita», en cercanías a General Acha, «ya pasó por todas estas etapas y por eso está tan avanzado».
Para encarar la nueva fase se requiere de un inversor que aporte los fondos para comprar e instalar ese equipo y mantenerlo en funcionamiento durante un tiempo prolongado. El objeto es lograr un volumen de información que permita determinar con precisión si el lugar es apropiado para instalar una granja eólica, por pequeña que sea.
«Por ahora llegamos hasta acá y no avanzamos más», reiteró Campetella, quien lejos de desilusionarse o bajar los brazos, evaluó que estos proyectos «a veces se enfrían y quedan ahí, pero mañana arrancan de vuelta y quien te dice…». A los avances y retrocesos propios de estas inversiones, también corresponde sumar el contexto económico y productivo del país, que demanda en forma imperiosa de nuevas fuentes de generación de energía. «Una represa hidroeléctrica o una central nuclear demandan no menos de 10 años para entrar en funcionamiento; en cambio, un parque eólico podemos pensar que en tres años ya estaría generando. Ese es un dato que no tenemos que perder de vista», valoró el encargado.